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La casa de la mandrágora

En tierra de vampiros. Un viaje por Rumanía

En tierra de vampiros. Un viaje por Rumanía "Bienvenido a los Cárpatos. Le espero con impaciencia. Descanse esta noche, mañana a las tres saldrá la diligencia para Bukovina. He preparado una plaza en ella para usted. Mi coche le esperara en el desfiladero del Borgo para traerle hasta aquí. Confió en que haya tenido un feliz viaje, y que disfrute de su estancia en mi humilde morada.
Su amigo,,
DRACULA"
Con esta epístola, el famoso Conde Drácula, criatura en parte ficción, en parte realidad, atraía al abogado Jonathan Harker a su castillo de los Cárpatos. Se iniciaba así la historia de un mito histórico convertido en monstruo por la pluma de Bran Stoker, escritor irlandés enamorado de los paisajes y gentes rumanas.
Y no era para menos: Rumania era y sigue siendo un lugar lleno de maravillas y aunque conserva el misterio que dio origen a muchas leyendas oscuras, también es un país de paisajes luminosos y bosques infinitos. Uno puede elegir muchísimos viajes diferentes, desde una espléndida ruta por los monasterios repartidos por Bucovina, hasta una estancia de navegación por el Delta del Danubio, pasando por el turismo playero del Mar Negro o los festivales de música tradicional repartidos por todo el país.
Por supuesto, existe otra ruta que todo viajero de gustos algo morbosos conoce: la ruta de Drácula, pasando por su lugar de nacimiento hasta su supuesta tumba.
No me refiero al Drácula fantástico de la literatura y el cine, sino el personaje histórico en el que se basa, un héroe de la lucha contra los turcos llamado Vlad Tepes, también conocido como Vlad el Empalador. Nacido en Sighisoara, una encantadora ciudad medieval que se conserva a la perfección, su casa natal hoy es un bar de copas con terraza. Es un edificio completamente anodino, sino es por la discreta placa en la que se lee el nombre de Vlad Tepes y la fecha de nacimiento. En esta misma ciudad se exhibe un busto moderno de nuestro hombre, con las fechas de reinado. Para sentirse ambientado, no hay más que pasearse por la preciosa ciudadela presidida por una torre-campanario que alberga un curiosos museo, en el que podemos encontrar desde muestras de arte rumano hasta instrumentos quirúrgicos antiguos.

Como no hay un Drácula sin su castillo, existen dos posibilidades para el viajero de esta ruta: el Castillo de Bran y el Hotel Drácula. El primero es un pequeño y precioso castillo blanco, de rojas torres puntiagudas y, aunque no se sabe a cierta cierta si Vlad pasó alguna vez por allí, es una muestra de típico castillo transilvano encaramado en un risco de piedra y rodeado por bosques ubérrimos. A los pies del castillo y con gran sentido de la oportunidad, un bazar descaradamente llamado "Bazar de Drácula" vende una increíbe cantidad de productos relacionados con el personaje, entre ellos, camisetas, llaveros, colgantes, cuadros, etc....Se puede encontrar también cosas tan variopintas como discos de música, instrumentos antiguos, objetos decorativos, prendas de lana hechas por el propio campesino que las vende, hermosas blusas de encaje hechas a mano, gorros de piel de castor, etc...
El otro "Castillo" de Drácula no es otro que un hotel erigido en el Paso del Borgo, la zona donde Bram Stoker situaba la vivienda del vampiro. Aunque los paisajes realmente son bellos y misteriosos, no existió jamás castillo alguno en aquel lugar. Sin embargo, la demanda del público turista propició la construcción de un castillo-hotel, con habitaciones decoradas a la manera draculesca y, previo pago, con un poco de ambientación nocturna personalizada: se pueden pedir sustos y apariciones terroríficas durante la noche.
Castillo o no, vale la pena visitar los paisajes evocadores del Paso del Borgo, una maravilla de prados durante el día y un evocador paraje de tinieblas por la noche.
Pero para ver señales más palpables del paso de Vlad Tepes por la Historia, nada mejor que visitar las ruinas de su Corte, la "Curtea Veche", apenas identificables, pero con otro busto del voivoda con las fechas del reinado, de nuevo. Bucarest, por otra parte, no merece muchas más visitas: castigada por el régimen comunista y su arquitectura gris, la capital muestra un aspecto desolado y, sorprendentemente, es el lugar menos turístico de todo el país.
No obstante, en los alrededores de Bucarest, se encuentra una gigantesca zona de lagos y parques naturales y ya lejos de la capital, otra importante parada para visitar la tumba de Vlad el Empalador,enclavada en un paisaje idílico: una islita rodeada de bosques. Allí se encuentra un monasterio abierto a las visitas, en cuyo interior permanece una losa funeraria cuyo ocupante es un misterio todavía. Apuntan las teorías de uqe allí yace el cuerpo del famoso voivoda, pero hay quienes sostienen que el cadáver que yacía en su interior mantenía la cabeza intacta, mientras que Vlad Tepes fue decapitado y enterrado sin ella.
Para proseguir con el viaje siguiendo los pasos de Drácula, es indispensable visitar la ciudad de Brasov, grande y muy animada, que exhibe la impresionante silueta de la gótica Iglesia Negra como monumento más emblemático. Se trata de una gigantesca catedral de paredes oscurecidas por un incendio, de ahí su nombre. Mientras que el exterior presenta un aspecto siniestro (no se sabe si Vlad Tepes pasó por ahí: pero cumple todas las expectativas de misterio que el viajero morboso pueda tener), el interior es luminoso y su decoración sumamente original: colgando de todos lados, se halla una increíble colección de tapices anatolios donados por el gremio de comerciantes de la ciudad durante los siglos XVII y XVIII. En lo alto de la nave principal, la silueta de un órgano inmenso (uno de los más grandes de Europa). Por un precio de unos pocos leis (equivalente a un euro) se puede asistir a un concierto de órgano en un marco incomparable.
Los amantes del medievo encontrarán restos de una ciudadela, murallas y torres que actualmente se han habilitado como miradores.
Y...¿qué sería de la leyenda de Drácula sin la sombra lejana de los Cárpatos recortándose en la distancia?. Larguísima cadena montañosa, los Cárpatos cuentan con un completo sistema de teleférico para visitar los puntos más interesantes de la orografía transilvana. Tanto como si se quiere practicar la escalada, hacer senderismo, bajar a las mágicas grutas de estalagmitas llenas de murciélagos, los Cárpatos son el paraje más idóneo. Ofrecen, además, un enjambre de bonitas ciudades escondidas entre valles, entre ellas la joya de Sinaia.
Situada en el valle de Prahova, Sinaia es una estación de esquí en invierno, y un lugar de cuento de hadas durante todo el año. Repleto de casas de campo al estilo de los Alpes, con sus artesonados de madera y sus techos puntiagudos, constituye una parada inolvidable en la ruta draculesca. Pues sí, Vlad estuvo allí, pero la ciudad muestra tantos méritos propios que eso no importa demasiado. En ella se encuentra uno de los más bellos palacios de Europa, el Palacio Peles, residencia de verano del rey Carol I (primer rey de Rumania) dotado de ubérrimos jardines que hacen pensar en un Versalles a pequeña escala. Sinaia ofrece varios trayectos posibles y todos valen la pena: desde el simple deambular por un camino de piedra escondido en un bosque, hasta una subida en teleférico para poner el pie en las cumbres carpatias. Una vez arriba, si la niebla no lo impide, se pueden disfrutar de unas vistas incomparables y de una inefable sensación de estar en el corazón de Transilvania, por fin, en el lugar donde se gestaron las leyendas más oscuras.
Una vez visitadas todas estas ciudades, uno puede dedicarse a conocer otros lugares vampíricos como son Cluj Napoca, Sibiu o Timisoara, aunque no guardan el encanto de las anteriormente citadas: pero si el viajero, aun empeñado en encontrar el mito, decide proseguir más allá de los Cárpatos, puede contar con la ayuda de la curiosa Sociedad de Drácula, que provee de itinerarios, guías y buenos consejos.
Y después de ver Rumania con todos sus tesoros, comer su maravillosa comida, perderse en sus ciudades medievales y descubrir su música y a sus gentes, descubriréis que es mucho más que la leyenda de Drácula.

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